Los sueños helénicos

September 24th, 2007 by postwriter1

Muchas veces uno tiene en mente viajar por distintos lugares del mundo y no lo puede hacer. Lo ideal sería poder conocer todos las opciones que siempre nos han llamado la atención a lo largo de nuestras vidas. Opciones que pueden ser de índole cultural, social, académico y laboral. En sí, lo importante de los viajes es que estos satisfagan los sueños de las personas. Y uno de estos sueños fue el que tuvo desde niño Fabián y que lo acaba de cumplir hace algunos meses. Desde pequeño, él siempre tuvo la sana costumbre de leer muchos libros y revistas de diversos temas. El responsable para que esto sucediera fue su papá, el cual le inculcó el gusto por la lectura y por el aprendizaje en general. Por eso, desde que tenía cinco años, Fabián ya conocía de muchas ciudades y países. Además, conocía también muchas costumbres y estilos de vida. Claro está que todo lo que conocía iba de acuerdo al nivel de entendimiento y comprensión que tenía en ese momento. Justo en esa época fue que conoció las maravillas de un país y en especial de una ciudad. Gracias a una revista que le alcanzó su papá, conoció Grecia y Atenas. Ese fue su primer contacto con la nación helénica. Posteriormente, los años transcurrieron y cuando ya se encontraba en la secundaria, tuvo la oportunidad de viajar para allá, pero no lo pudo hacer por motivos de salud. Sin embargo, ese hecho no lo desanimó y más bien lo animó a seguir adelante. Cuando tenía quince años, ya poseía una gran cantidad de conocimientos sobre la cultura griega. Tanto del presente como de su glorioso pasado. Conocía sobre historia, filosofía, arquitectura, escultura y literatura griega. Todo esto lo había logrado gracias a la ayuda de la Internet, de la televisión y sobretodo de los libros. Unos años después de la enfermedad que lo alejó de su sueño, este volvió a aparecer bajo otra apariencia. Ya estando en la universidad estudiando Filosofía, recibió la invitación de un viejo amigo de escuela que estaba radicando en Atenas ya desde hace algunos años atrás. La oferta era irrechazable. La llama de este sueño volvía a encenderse. Los meses transcurrieron y las vacaciones de la universidad estaban a la vuelta de la esquina. Alistó todo lo necesario y se preparó para enrumbar hacia la capital griega. Tuvo que esperar cinco años desde que se frustró el primer intento para llevar a cabo su sueño. Ahora, nadie lo iba a poder detener. Estando en el aeropuerto de Buenos Aires, su cuidad natal, conoció a otro argentino cuyo destino también era similar al de él. Entablaron una amena conversación durante las horas que duró el vuelo, siendo uno de los temas a tratar el manejo del idioma. Fabián, le comentó que sabía algo del griego ya que lo había estudiado de manera autodidacta en sus ratos libres. Por su parte, Marcelo, su nuevo amigo, le mencionó que eso no era suficiente debido a que la lengua griega no es tan simple como otras lenguas. Le contó que él la estudió por algunos meses en un instituto de Buenos Aires que se especializaba en su enseñanza. Tras las palabras de su nuevo amigo, Fabián, mientras descansaba, tomó la decisión que iba a cambiar el destino de su viaje. Cuando llegó al aeropuerto de Atenas no supo encontrar la manera de entablar una conversación fluida con las personas que se encontraban en su entorno. Felizmente, en todo momento lo acompañó Marcelo y, gracias a él, es que pudo realizar todos los trámites necesarios para poder abandonar el aeropuerto. Ya en el hotel, ambos siguieron su plática y en medio de esta es que Marcelo le aconsejó que estudiara el griego en algún instituto de la ciudad. El ya había viajado a Atenas varias veces y sabía de la existencia de algunos centros de idiomas que se especializaban en la enseñanza del griego para personas extranjeras. Por eso, a primera hora de la mañana siguiente, ambos fueron en busca de uno de estos institutos. Las ofertas eran variadas y por eso la elección se complicó un poco más de lo debido. Sin embargo, al final Fabián escogió la mejor opción. El instituto que había escogido estaba equipado con material específico para que los alumnos extranjeros pudieran adaptarse en poco tiempo al griego y a sus costumbres. Ya han pasado cerca de dos semanas desde que Fabián llegó a Atenas. Según lo que me cuenta por vía messenger, con cada clase que pasa aprende más sobre la estructura gramatical del griego. Además, aprendió a pronunciar cada vez mejor tanto las palabras que ya conocía, así como las nuevas que está aprendiendo. Hasta el momento no ha conocido muchos de los lugares que vio en las revistas cuando era pequeño. No lo quiere hacer hasta que tenga un manejo fluido del griego. No quiere pasar malos momentos al no poder comprender lo que le dicen ni tampoco no poder entablar una conversación con cualquier persona que maneje el griego. El sabe que su sueño se está cumpliendo. Eso lo tiene muy en claro. Solo que no quiere apurarse. Las clases en el instituto marchan a la perfección, por eso, confía que en menos de un mes podrá desenvolverse con total normalidad en cualquier situación en que necesite manejar el griego. Cuando eso suceda, su sueño se cumplirá totalmente.

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