El japonés y Matías

September 13th, 2007 by postwriter1

Viajar hoy en día ya no resulta un lujo como podía pensarse antes. Ir de un país a otro o de un continente a otro es cosa de todos los días. A pesar de las grandes distancias que puedan separar los destinos de los viajeros. Estos suelen viajar por diversos motivos, que van desde lo laboral hasta lo académico. Aunque también existe la posibilidad que viajen por motivos de residencia perenne a una país. Cualquiera sea la opción del viaje, siempre es necesario e indispensable el manejo fluido de la lengua del país al que se desee viajar. Y eso fue justo lo que tuvo que hacer Matías antes y durante y después de llegada a Tokio. Tuvo que aprender el idioma japonés, porque cursando sus estudios en la universidad había obtenido una beca para viajar a Japón y seguir un postgrado en la capital nipona. El problema era que el sabía algo del idioma pero no lo suficiente. En sí, postuló a la beca de la universidad japonesa porque sabia que con lo que conocía podía superar examen. Lo hizo y le dieron la beca, pero ahora no debía perder más tiempo. Tenía que matricularse de inmediato a un instituto en donde le enseñaran todo lo relacionado al japonés. En Argentina, su país natal, se matriculó en uno de estos centros de idiomas que enseñan japonés y aprendió todo lo que pudo hasta antes de su viaje. El tiempo que transcurrió desde que le dieron la beca hasta el viaje fue de tres meses aproximadamente. Durante este tiempo ingresó en el nivel básico intensivo para poder aprender desde un comienzo todo lo que pudo haber olvidado por las diversas ocupaciones y tensiones que había tenido en los últimos meses. Además, quería empezar de cero porque sentía que debía ir avanzando de forma lenta pero sistemáticamente progresiva. El día del viaje llegó y a en medio del largo viaje desde Buenos Aires hasta Tokio, siguió estudiando algunos conceptos que había olvidado respecto a las clases que había cursado. Este olvido continuo se debía a que Matías era una persona algo nerviosa y un poco distraída. Eso me lo comentó mi primo que es amigo de él. Por eso es que durante todo el viaje se la pasó repasando y repasando todo lo que había aprendido hasta ese momento. No quería de ninguna manera perder la beca de estudios y la fecha en la que debía presentarse ante las autoridades universitarias era al día siguiente de su llegada. Al llegar al aeropuerto hizo todos los trámites clásicos y se fue a un hotel. En la noche siguió con su nerviosismo innato y estudio casi toda la noche. No durmió nada. Revisó su computadora portátil y vio páginas de páginas de japonés en la Internet. Además, entró a muchas más que se relacionaban con el aprendizaje en sí del idioma. Leyó una serie de diálogos escritos en textos de diversa índole, escribió nuevas palabras que no conocía y que agregó en ese momento a su vocabulario. Además, revisó páginas en las que obtenía información referida a todo el movimiento cultural y social de todo Japón, y en especial de Tokio. A pesar del cansancio del viaje y de la tensión por lo que en pocas horas tenía que hacer, Matías seguía escuchando mediante los parlantes diversas conversaciones en japonés. Al oírlas quería encontrar ese punto justo en el que la pronunciación se produce de manera correcta. Al final durmió cerca de cuatro horas nada más. Cuando llegó a la sede principal de la universidad, se le notaba como la preocupación y la mala noche habían surtido efecto en él. Lo que no imaginaba era que todo el esfuerzo realizado iba a valer la pena. Ni bien llegó a la puerta de ingreso pudo comunicarse de manera fluida con los encargados de seguridad a pesar que en un principio hubo un ligero problema por la cuestión de sus papeles. Después ya en el interior del local universitario pudo mantener una conversación fluida y duradera con la señorita que se ocupaba de atender a los visitantes. Espero por algunos minutos hasta que llegará la persona que debía supervisar todo lo referente a su ingreso a la universidad como alumno becado. Tras una corta espera, llegó el personaje en mención y, para sorpresa y tranquilidad de Matías pudo dialogar si ningún problema con este funcionario de la universidad. La charla duró aproximadamente treinta minutos y en ella se tocaron muchos puntos de lo que Matías había estudiado tanto en sus clases en Buenos Aires como en las paredes del cuarto de su hotel. Después de eso todo transcurrió con normalidad y a los pocos días inicio sus clases en la universidad nipona. De manera conjunta siguió más cursos sobre el aprendizaje del japonés y a los pocos meses ya no tuvo ninguna dificultad en comunicarse tanto con sus compañeros como profesores japoneses. Ahora, después de ya casi tres meses de todo lo sucedido Matías recuerda con cierta gracia todo lo vivido y concluye, según lo que me contó mi hermano hace algunos días, que aprender el japonés resulta muy sencillo de lograr. El problema con él se debió a la tensión que tenía más no a que el idioma resulte difícil de comprender. Por este hecho, es que muchos confunden la real importancia de aprender otra lengua con la dificultad que tenga esta y la imposibilidad de aprenderla.

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